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Josefina Chahín: Vinos 100% araucanos
PorAraucanía Infinita
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Hace diez años, el médico José Chahín se atrevió a plantar 24 hectáreas de viña en la comuna de Angol obteniendo las primeras cepas de Chardonnay y Viognier. Dos años después, su hija enóloga, Josefina, toma las riendas del negocio familiar y se aventura con el Pinot Noir.

Los vinos Kütralkura, piedra de fuego en mapudungun, se caracterizan porque todo su proceso se desarrolla en La Araucanía, desde que se siembran las uvas hasta que queda listo y embotellado para degustar. 

El negocio y su bodega ubicada en Curacautín, son administrados por la misma Josefina, quisimos conversar con ella para conocer la historia del vino en la región, lo que hace especial a Kütralkura y los desafíos que tienen para el futuro.

 

La historia del vino en La Araucanía se remonta a fines del siglo XIX, sin embargo, en esa época no prosperó ¿Qué factores consideras que han contribuido al éxito de los viñadores un siglo más tarde?

Cuando llegaron acá los antiguos colonos, no tenían los lugares indicados para lo que estaban produciendo. Acá el clima tiene muchas lluvias, muchas heladas, entonces realmente hay que buscar el lugar idílico para poder producir las viñas. No se pueden poner en cualquier parte. Por ejemplo, Angol, donde estamos nosotros, tiene un microclima, normalmente no caen heladas, entonces es más propicio para poner viñas.

Hay que ver sectores donde no hiele tanto, que estén más protegidos por bosques, por cerros, o que estén cercanos al agua. El mayor riesgo que tenemos acá en la zona son las heladas de primavera, y después tenemos las lluvias que vienen en otoño. Pero en Angol hay mucho viento, entonces ese viento seca inmediatamente la parra después de una lluvia. 

Todos esos pequeños factores van contribuyendo, y por supuesto también entra en juego el cambio climático. Toda la fruticultura, la viticultura, se ha ido trasladando acá al sur, que cada vez es más cálido. Yo partí cosechando en 2018 y cada año que pasa se adelanta la cosecha. Cada año aumentan las temperaturas. 

La mayoría de los procesos son hechos artesanalmente, ¿cuáles son las ventajas de esta producción?

En la bodega como la tenemos acá hacia la cordillera de Los Andes, lo que hacemos también es que dejamos los vinos pasen dos inviernos, nosotros le damos el tiempo al vino, no sacamos vinos apurados. Entonces con eso, por ejemplo el Pinot Noir, se estabiliza naturalmente por el frío, decanta naturalmente, se limpia, y no se filtra después. 

Entonces no se ocupan clarificantes, que muchas veces son de procedencia animal, y a veces te preguntan si son vinos veganos, y claro, en ese momento, cuando les agregan clarificantes de origen animal, ya dejan de ser veganos los vinos. Al hacer esto de forma más natural y sustentable, nos ahorramos energía eléctrica y limpiamos los vinos a través del tiempo, más que nada. El tiempo y el frío natural que hay acá en la bodega, donde pasan muchos meses en que el vino está a un grado.

Más que artesanal, diría que nuestro proceso es manual. Es super personalizado porque uno trabaja la viña, tiene su uva, la trae a la bodega, la vinifica, le hace la crianza, después se llena botella por botella, se etiqueta. Entonces hay un seguimiento desde que está la uva en el viñedo hasta que está en la botella lista y etiquetada. O sea, en cada parte de la cadena uno está presente. Entonces creo que los factores de error son menores, no es una máquina la que está haciendo. Aparte está puesta toda la preocupación, toda la pasión, porque a uno le gusta lo que hace, entonces es súper personalizado. 

Y lo mismo, si alguien viene a la bodega, la que les va a explicar todo el proceso, mostrar los vinos, soy yo, que es la que realmente sabe todo. 

¿Qué crees tú que distingue a los vinos Kütralkura de otros de la región?

Lo que nos distingue es que nosotros hacemos todo el proceso, nosotros no compramos uva, estamos en cada etapa, todo el vino se hace acá. Desde el viñedo con la uva hasta el embotellado, no hay ni un proceso que se externalice. Mi concepto es ese, poder hacer toda la cadena, estar en cada etapa del proceso. 

Y también nos destacamos por trabajar muchas mujeres en la viña. Yo le doy la prioridad a trabajar con mujeres en la viña y también acá en la bodega, para poder destacar el trabajo de la mujer en el mundo del vino.

Nosotros nos arriesgamos mucho en hacer cosas nuevas, hacer vinos nuevos, productos nuevos, diversificar mucho. Porque por ejemplo con esas tres hectáreas que tenemos, no hacemos tres vinos, hacemos seis. Nos complicamos bastante la vida pero eso lo valora mucho la gente, porque después tenemos mucha diversidad de productos para ofrecer. Eso les llama mucho la atención y les gusta ir a probar cosas diferentes. 

Todas las etiquetas llaman mucho la atención de la gente. Es más difícil, por supuesto, porque hay que tener cajas para los distintos vinos, etiquetas, cápsulas y sí, una se complica mucho más pero al final lo hace por el cliente y por estar siempre innovando con productos distintos. 

¿Cuáles son sus proyecciones como viña a nivel nacional e internacional?

Este año recién, junto con otras viñas de La Araucanía logramos exportar a Estados Unidos.

El vino está apuntado hacia cierto nicho, cierto nicho que quiere probar cosas diferentes, vinos menos manipulados, más hechos a escala humana, más honestos, que reflejan un territorio. No hay tantos en Chile, pero cada vez hay más gente que se atreve a probar, y eso también es parte de nuestro objetivo, educar a la gente para que se atreva a degustar estos vinos, y también estamos buscando exportación. 

Y la idea a futuro, si planteamos un futuro idílico, es seguir plantando en la viña. Porque en la viña tenemos tres hectáreas, pero el campo tiene 24. O sea por lo menos a mí me gustaría tener unas 15 si pudiera ampliarse más.

Si quieres conocer más de los vinos Kütralkura haz clic aquí.

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